Cuando amanece, la mirada enfoca a los primeros rayos de luz de un día radiante en esta parte de la ciudad.
Sin embargo, enseguida es captada por las sombras de la noche anterior, en otra parte de la ciudad, más sombría. La memoria recuerda el atropello que sufren grupos de mujeres en situación de prostitución.
Anoche, cuando el equipo de Médicos del Mundo llegó al polígono, vio a muchas mujeres nigerianas, rumanas y búlgaras que no veía desde hacía meses. Habían sido llevadas a clubes de diversas comunidades autónomas.
“¿Qué tal os ha ido?”, les preguntamos. Todas sin excepción, cuentan que fatal. “Es peor que la calle”, nos dicen, “los dueños de los locales no sólo se quedan con una parte de nuestros ingresos, sino que nos cobran por todo, por la utilización de habitaciones y otros servicios”.
En realidad, los explotadores que las llevan por distintos lugares de la geografía española en busca de mejor mercado, como si de mercancías se tratara, no sólo lo hacen para incrementar el negocio, flojo en la calle algunas veces, sino, para atender también la demanda de novedad y variedad de los clientes. Caras nuevas, cuerpos nuevos. Continuamente.
Para esto, y para que el negocio prospere, no hay nada mejor que practicar la rotación. Itinerarios que van de la calle al club, de nuevo a la calle y vuelta al club, y a la calle. Y de Madrid a Valencia, a Baleares, a Galicia, a Andalucía, y a Madrid de vuelta de nuevo.
Como siempre, utilizando la coerción, ante la falta de papeles de residencia de las mujeres, conocedores también de la situación de necesidad en la que se encuentran.
Otra falta de respeto, una nueva muestra de crueldad con que son tratadas las mujeres en situación de prostitución. Porque todos y todas las personas merecemos vivir sin las sombras que nos agreden.
Elena Ron, voluntaria de Médicos del Mundo.








Comentarios
1 comentarios | Escribe un comentario
Enhorabuena!!!!!. Magnífico relato.
Escrito por Sandra el 19 de Agosto de 2009