Médicos del Mundo

La esquina que nadie quiere ver

15 de Septiembre de 2009

Que la calle no rompa su sueño


Las palabras de las mujeres subsaharianas en situación de prostitución fluyen con naturalidad y demoledora radicalidad: “Mira, sin papeles no puedo andar, ¿me entiendes?”.

No es una metáfora, es la realidad más cruda a la que se enfrenta este grupo de mujeres. Palabras que referencian el miedo a ser interceptadas en la calle por la policía y deportadas a sus países. Palabras que dan cuenta de su imposibilidad para acceder a cualquier otra actividad que les permita salir de la situación de prostitución.
 
Y es que la diferencia entre tener papeles y no tenerlos, radica en tener o no derechos. Saben que tenerlos es vital para lograr el éxito de su proceso migratorio.

Un proceso migratorio que, en su caso, es muy costoso. En el punto de partida, las malas condiciones económicas, políticas y culturales de sus países de origen. En medio, la mafia, el vudú, el tráfico y la explotación. El punto de llegada, la calle.

La mayoría han venido a construirse un futuro mejor, no a ejercer la prostitución. No asumen esa actividad como definitoria de su proyecto. Es el peaje, transitorio, en su proceso migratorio. Forzadas por las deudas con los tratantes.

Son jóvenes, no están rendidas ni desesperadas. Hacen lo que hacen porque es lo que tienen. Obligadas. Cuando oímos sus palabras, demuestran empuje para aprender, formarse y preparase para otras actividades. Pero no pueden hacerlo solas. Desconocen demasiadas cosas, el idioma, los códigos culturales del país.

Hay que apoyarlas y acompañarlas en ese sueño de futuro con el que emprendieron el camino de la emigración. Facilitarles la regularización administrativa. Crear espacios para la formación para la vida y el trabajo. Abrir espacios de encuentro en los que participen en la búsqueda de vías para su integración social.




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