La actuación individualizada que proponemos hace imprescindible la adaptación de cada puesto de trabajo y el diseño y realización de las herramientas necesarias para cada empleado, todo ello marcado por la detección de dificultades de movilidad, la conservación o no de restos visuales y auditivos, dificultades cognitivas…
Se realiza un análisis exhaustivo de las secuencias necesarias para la realización de cada producto. De cada secuencia se extrae el número de pasos incluidos en ella.
Elaboramos un programa de formación inicial tras el cual determinamos el sistema de trabajo. El objetivo final del mismo no es otro que maximizar la eficiencia y adaptación de los trabajadores y reducir, en la medida de lo posible, los elementos inadecuados que pueda encontrarse en el desempeño de tareas, mediante la recopilación de información sobre la valoración funcional del sujeto, el puesto de trabajo y la tarea; la integración de los resultados mediante la detección de desajustes entre la tarea y otras variables; la detección de riesgos laborales debidos a la tarea (carga física, sensorial o ambiental).
A partir de la detección de los desajustes y el análisis de riesgos, se planteará la evaluación del sistema de trabajo-tarea-puesto.
Dedicaremos igualmente un tiempo a la formación continua, de manera que el trabajador ocupe el puesto, después de haber pasado por todos los procesos, al que mejor se adapte, facilitando el paso de puestos de menor responsabilidad a otros que requieran mayor grado de competencia.
Otros objetivos fundamentales: Garantizar la seguridad de los trabajadores, no caer en la rutina, adaptación de programas a las circunstancias y características del usuario, ajustar la demanda a la capacidad del usuario.
El puesto ha de ser accesible, de manera que no se produzca un empeoramiento de deficiencias ya existentes y/o la aparición de otras nuevas.