Sobre las emociones, que bailan, y primera noticia sobre el prejuicio.
En el proyecto Formación e inserción laboral de personas con enfermedad mental¡Mensajito de Rosa!
Me cuenta que sus vacaciones se alargan, que hace calor, que da largos paseos por la playa y que extraña nuestras conversaciones… El día no puede empezar mejor… Mi amor secreto por Rosa no tiene una explicación racional; su justificación hay que encontrarla en lo mágico, que es una forma poética de referirse a las emociones. Cuando hablamos, sus palabras y las mías armonizan en un ritmo musical; al mismo tiempo, nuestros cuerpos ejecutan una danza gestual apenas perceptible…; nuestras emociones se sincronizan y establecen un contacto invisible pero más intenso que si nos rozáramos las manos. Y esto que nos sucede a Rosa y a mí, con frecuencia nos sucede a todos. Pasamos la vida bailando una danza de emociones…. Más tarde volveré sobre este asunto.
Gracias a la medicación y a mi proceso de rehabilitación, mi mejoría fue ostensible. Fue entonces cuando, sintiéndome curado, decidí por mi cuenta dejar de tomar las pastillas. No tardé demasiado en recaer: mis síntomas reaparecieron y el mundo volvía al sinsentido. Con la ayuda profesional y el apoyo de mi familia conseguí de nuevo reincorporarme a la vida y mis actividades. Incluso, al tiempo, intenté retomar mis estudios de la Facultad. Mis viejos compañeros me recibieron cálidamente; sólo algunos me mirababan recelosos: en sus pupilas distinguía el turbio velo del prejuicio. Mi pobre hermana Cristina también soportaba a sus compañeros:
-¡Tu hermano está loco!, ¡como una cabra! –le gritaban al salir del colegio.
Mi madre, para consolarla, le explicaba que para algunas personas es difícil entender mi enfermedad; tienen una idea equivocada por lo que ven en las películas y en la tele. Pero mi hermana siempre replicaba:
-Pero… si no saben nada sobre la esquizofrenia, ¿por qué lo insultan? ¿por qué tienen tanto miedo?
Una buena pregunta. Veremos.
(Música recomendada durante la lectura de este post: Swing Time, Rogers y Astaire)
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